Rubia seguramente fue, en tiempos una gata casera. Marta la tenía controlada en la calle y le daba de comer, aparte, porque los otros gatos de la colonia no la aceptaban y le daban caña. Un día apareció muy malita en la puerta de su casa, con hemorragia vaginal por un posible aborto, la cogió y se la llevó a Judith a la clínica.
Está sorda como una tapia. Es muy desconfiada, pero como está sorda, cuando duerme te puedes ir acercando a ella, aunque luego se asusta y sale corriendo. Maúlla para pedir lata porque le encanta. Con los otros gatos es algo bullera, porque le dan un poco de miedo.
. |