Luna es alemana, y debió ser una perra querida, hace un par de años su dueño, emigrante, volvió a España y no dejó a su perra allí como otros sí hubieran hecho, arregló todo el papeleo y la familia viajó al completo. Ahora no puede seguir cuidándola y después de buscar un nuevo hogar para ella sin éxito la historia de Luna llegó a nosotras con una llamada del veterinario al que la habían llevado a eutanasiar. Nació en marzo del 97 así que ha recorrido ya gran parte de su vida, pero salvo una catarata en un ojo está bien, no hay justificación alguna para matarla. Gracias a Montse que se estrechó unos días un poco para darnos tiempo, y a Rosa, que ha aceptado acogerla de manera más estable hemos podido rescatar a Luna de "la inyección".
Ahora falta encontrar un hogar definitivo, seguro que hay un ángel que quiera regalarle una familia nueva el tiempo que le quede.