Yo no quería ser casa de acogida. Mi apartamento es pequeño, trabajo 8 horas, no tengo tiempo...
Mi primer acogido llegó como llegan casi todos, era una emergencia, no tenía sitio donde ir, no quería meterme en ese lío, pero aunque mi apartamento seguía siendo pequeño, yo seguía trabajando 8 horas y tendría un poco menos de tiempo, merecía la pena.
Mi primer acogido fue un perro, nunca sabré la historia de sus 6 primeros años, pero no sabía jugar, no sabía relacionarse con humanos, cuando intentaba que interactuase conmigo me miraba como diciendo, "tú muy bien no estás, ¿no?, ¿qué es lo que quieres?"
Después de ser adoptado por otra familia y devuelto a O Jaticán, hoy es tambien mi primer perro adoptado. Lleva ya casi 6 años fuera de la calle y cada vez que lo miro sé que este esfuerzo tiene sentido.
Después han pasado más acogidos por casa, mi apartamento no ha cambiado, pero es cuestión de estrecharse un poco más, quizás de pasar algunas semanas un poco más incómodos, pero merece la pena. ¨Les salvamos la vida, muchas veces en el sentido más literal, y lo podemos decir con mucho orgullo porque realmente cederles un poco de nuestro tiempo y nuestro espacio significa para ellos la diferencia entre morir o vivir, y vivir además bien, porque los tratamos como miembros más de nuestra familia, y una vez que se marchan adoptados la asociación no les pierde la pista, así que sabemos que nuestras casas son el principio de su futuro, un futuro que de otra manera no existiría.
A que se marche un acogido es a algo a lo que no te acostumbras, es duro cada vez, pero al mismo tiempo es el objetivo de toda esta experiencia, se marcha porque ha encontrado una familia, y con su partida te queda un hueco para poder acoger otro que lo necesite. El día que una familia está feliz por la adopción de un animal, su casa de acogida tiene dos sentimientos opuestos pero compatibles, por un lado la alegría de que finalmente tenga el hogar que se merece y por otro la pena, un poco egoista y humana, pero afortunadamente breve, de que salga de nuestra vida, aunque os puedo asegurar que todos los animales recuerdan a sus familias de acogida aunque pasen meses desde que nos dejaron.