Luna es otra de las gatitas
que, por desgracia, nacen y crecen en la calle. Siendo
bien pequeña enfermó y fue recogida
por una persona que no se pudo quedar con ella. Así
llegó a nosotras y, a los quince días,
ya estaba en su hogar definitivo, compartiendo juegos
con su hermana Navia. Ojalá todos los casos
fuesen así!