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Linda y su
hija, Buda, fueron dejadas por su "propietario"
en una clínica veterinaria. Llenas de pulgas,
mal cuidadas, nerviosas... así llegaron a nosotras.
Linda tenía una oreja totalmente deformada por
una otitis que nunca se trató. Los dolores que
debió padecer son inimaginables. Por suerte,
ahora es una perra feliz
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